Proceso de rehabilitación
Con lo que arrancó todo: acompañamiento a personas con adicciones, en lo emocional y lo espiritual, con seguimiento cercano y reconstrucción del proyecto de vida.
Dos activos hoy y varios que cumplieron su ciclo. Todos nacieron de lo mismo: una necesidad concreta que vimos en el municipio.
Desde 2024 acompañamos a niñas y niños de 8 a 14 años en el desarrollo de competencias digitales. Para muchos, el primer computador que tocan en su vida.
No enseñamos software: enseñamos que lo que imaginan se puede construir. El computador es la herramienta, la confianza es el resultado.
Junto a SSP Autómata pusimos en marcha algo distinto. Los talleres forman a 18 niñas y niños; de ellos, ocho conforman los equipos que construyen los primeros cuatro agentes de IA, de a dos por computador.
Cada pareja construye un agente completo para una empresa real. Sin escribir código: aprenden a dar las instrucciones correctas, con acompañamiento técnico. Esos agentes se entregan sin costo a empresas de la región afectadas por el sismo.
La empresa no paga por la creación, solo el mantenimiento mensual. Y parte de ese ingreso vuelve a quienes lo construyeron: una tablet o un curso de creación de agentes para cada pareja.
Una empresa golpeada por el sismo recupera clientes. Un niño se queda con una herramienta y un oficio.
Nació en 2020, durante la pandemia, como alternativa económica para mujeres cabeza de hogar que se quedaron sin ingresos.
Empezó como un taller comunitario de artes y oficios. Hoy es una marca que produce bolsos, carteras y piezas artesanales en zuncho, con clientas propias y ferias fuera del municipio.
Es el programa que cierra el círculo: mientras los hijos aprenden tecnología en Del Lápiz al Píxel, sus mamás generan ingreso con su propio oficio.
Comprar una pieza de Lola Montez es una forma directa de apoyar a la Fundación.
No los borramos de la historia: sostuvieron a cientos de familias durante años y explican por qué la Fundación es lo que es hoy.
Con lo que arrancó todo: acompañamiento a personas con adicciones, en lo emocional y lo espiritual, con seguimiento cercano y reconstrucción del proyecto de vida.
Nuestro primer programa de alimentación, para adultos mayores del municipio que estaban solos o sin recursos para una comida diaria.
Una guardería que abría de viernes a lunes, para las madres que trabajaban justo esos días. Los niños quedaban alojados en la sede, con comida, acompañamiento y actividades. En paralelo dábamos talleres educativos en escuelas de Chinchiná.
Cerró en 2020 por la pandemia: era imposible mantener a tantos niños alojados juntos en la misma sede.
Comedor para niñas y niños de escuelas y colegios de Chinchiná, donde recibían desayuno, almuerzo y cena. Para muchos era la única alimentación completa del día. Incluía talleres de salud emocional y refuerzo escolar.
Cerró hacia 2015, cuando el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar asumió la alimentación escolar en el municipio.
Sostener un mes de operación cuesta $6.250.000. Cada aporte, cada hora de voluntariado y cada empresa aliada se traduce en jornadas.